¡ahora sí!
Asus 46 años, José Hernández Moreno no se cansa de contar cómo era su vida a los 7 años. “Tenía una cubeta de metal y pizcaba pepinos en el suelo lodoso”. Le pagaban centavos por pieza, “así era mi vida, trabajar en el campo”, dice este hombre nacido en French Camp, California y de padres inmigrantes mexicanos.
Luego él y sus cuatro hermanos se subían a una camioneta. “Siempre terminábamos todos sucios, sudorosos y con los pantalones tiesos de lodo”, dice. Cada día, después de la jornada, su padre, Salvador Hernández les decía: “¿Están cansados? Pues recuerden cómo se sienten ahora porque esta será su vida si no estudian”.
De los cinco hijos, todos estudiaron una carrera universitaria. Pero Salvador Hernández, un campesino de La Piedad, Michoacán, nunca imaginó que alguno de sus hijos llegaría a ser astronauta de la NASA (la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio).
“La primera vez que quise ser astronauta fue cuando el hombre llegó a la luna”, recuerda. Su sueño resurgió cuando en su último año de preparatoria escuchó que la NASA había seleccionado a Franklin Chang-Díaz, el primer astronauta latino que fue enviado al espacio en 1981. “Su historia me fascinó y me di cuenta que él no era tan diferente porque su familia era humilde como la mía”.
A los 19 años, Hernández se convenció que él también podría ser astronauta como el costarricense Chang-Díaz.
Para lograr su sueño, Hernández tuvo que estudiar mucho y trabajar en proyectos científicos donde pudiera ganar una experiencia interesante para la NASA.
Después de dos entrevistas en las que fue rechazado, Hernández fue admitido como astronauta en 2004 en el Centro Espacial Johnson de Houston y recientemente, la NASA anunció que Hernández realizaría su primera misión espacial el 30 de julio de 2009. Hernández ya está preparando una recepción con mariachis en la víspera de su primer viaje al espacio.
Aquí, una entrevista con este astronauta méxico- americano.
¿Qué te decía tu familia sobre tus sueños de ser astronauta?
Nunca les hablaba de eso a mi familia. Era una obsesión personal, pero no se lo contaba a todo el mundo. Sabía que era absurdo que un campesino tuviera sueños de astronauta y no quería que la gente se riera de mí. Pero al mismo tiempo, tenía fe en que sí podía hacerlo.
¿Cuál fue el reto más duro para lograr ese sueño?
Lo más difícil fue esperar 12 años y cada año tenía que renovar mi solicitud. Lo más difícil fue no perder las esperanzas. A los 40 años fue la tercera vez que me entrevistaron y sentía que era mi última oportunidad. Estaba haciéndome a la idea de que no iba a ser astronauta y creo que por eso me vieron más relajado.
¿Cómo te preparaste para ser aceptado como astronauta?
Estudié una carrera universitaria, un posgrado y busqué trabajos que me dieran experiencia atractiva para la NASA.
Primero trabajé en el Departamento de Energía en Lawrence National Laboratory, donde desarrollé algo que se iba a utilizar en el espacio y así aprendi como se trabaja el equipo electrónico en el espacio con temperatures muy frías. También empece a trabajar en un sistema de mamografía, para captar imágenes de mayor calidad para encontrar señas de cáncer de seno en etapas tempranas. Lo encontré interesante porque sabía que la NASA aprecia a la gente con experiencia en medicina porque uno solo se tiene que cuidar solo y saber algo de medicina.
También trabajé en un proyecto contra la proliferación nuclear con el Departamento de Energía. Trabajé con rusos para verificar acuerdos para reducir el uso de armas nucleares. Así aprendí el idioma ruso y su cultura. Cuando NASA vio mis experiencia, me brindaron la oportunidad de ser astronauta.
¿Qué sacrificios tuviste que hacer para estudiar?
Recibí ayuda del gobierno con una beca pero por mi situación económica tenía que trabajar mientras estudiaba y eso significaba que tenía menos tiempo para estudiar y tener vida social como otros de mis compañeros. Trabajé en plomería y en una planta de alimentos que hacía catsup. También trabajé lavando platos en restaurantes.
¿Cuál fue tu reacción cuando supiste que harías tu primer viaje al espacio?
La emoción más grande fue cuando me seleccionaron como astronauta en 2004. Y desde entonces me he preparado para ser parte de una tripulación. Ya son varios años que me había hecho a la idea de que soy astronauta y he trabajado duro para volar al espacio.
¿Cómo es tu día de trabajo?
Trabajo 10 horas diarias. Todos los días hacemos algo diferente pero relacionado al vuelo. Por ejemplo, nos metemos en un trasbordador y ahí nos ponen a 90 grados de inclinación como si fuéramos a despegar de la tierra y el aparato simula la vibración. Este ejercicio dura cuatro horas.
Otras veces duramos ocho horas en el simulador de órbita y durante ese tiempo, los entrenadores crean una falla en el sistema de nuestra computadora y tenemos que arreglar el sistema. A veces rompen el sistema hidráulico o de propensión. Nos entrenan para cualquier evento.
Otros días, tenemos que caminar con trajes espaciales seis horas debajo del agua en una piscina con 40 pies de profundidad. Con esto simulamos una caminata en el espacio.
¿Cómo mantienes contacto con México?
El jueves 11 de septiembre fui al Centro Nuclear de la UNAM para dar una conferencia. Luego fui a Morelia con el gobernador de Michoacán, (Leonel) Godoy, y el 15 de septiembre estuve en la ciudad de mis padres, La Piedad, para dar el grito con el presidente municipal.
¿Qué proyectos trabajas con el gobierno de México?
Estamos tratando con la legislación en México para crear una agencia espacial mexicana. México puede seguir el ejemplo de Canadá donde no tienen un trasbordador espacial pero sí son expertos en un área de tecnología. México tiene mucha tecnología automotriz y pueden usar esa tecnología para diseñar un carrito que funcione en la luna.
Esto ayudaría para que la gente talentosa se desarrolle en el país y evitar la fuga de cerebros.
¿Qué puedes decir a otras personas que tienen sueños como el tuyo?
Que el estudio y el apoyo de la familia son los ingredientes para lograr cualquier sueño. Mucha gente piensa que ellos no pueden cultivar el interés en sus hijos por la escuela porque ellos no tuvieron educación, pero mis padres sólo estudiaron hasta segundo de primaria y se sentaban con nosotros para asegurarse de que hiciéramos la tarea.
¿Cuál consideras tu patria?
Me siento más mexicano que americano. Yo soy de California porque nací en el verano, pero la mitad de mis hermanos nacieron en La Piedad, Michoacán. ¿Qué recuerdas de los tiempos en que tenías trabajos duros y mal pagados?
Aún lavo platos porque mi esposa abrió un restauante cerca de la casa en Houston y a veces llego a lavar platos.
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