UNA TARDE CON LOS LONG
Por Gissela SantaCruz
¡ahora sí!
Teresa Lozano Long cuenta que
cuando era niña, en el pequeño
pueblo de Premont, al sur de
Texas, "los jóvenes latinos no
eran animados a ir a la escuela".
Mientras esa era la realidad para muchos,
la educación lo era todo para los padres
de Teresa.
Fue por las palabras y el ejemplo de
sus padres que Teresa no sólo logró ser la
primera latina que realizó un doctorado
en educación física de la Universidad de
Texas, sino que llegó a ser junto con su esposo
Joe una de las parejas más influyentes
de Austin, y tal vez de Texas.
La pareja se conoció cuando ambos eran
maestros en Alice, Texas. Los dos regresaron
a la Universidad de Texas, donde
formalizaron su relación. Antes de que
Joe recibiera su título de abogado de UT
y de que Teresa terminara su doctorado,
se casaron. Después de 15 años de matrimonio
y algunos años como director de las
mesas directivas de dos bancos, Joe decidió
comprar las dos instituciones. Años después,
vendió esos bancos y desde entonces
la pareja ha viajado por el mundo y ha dedicado
su tiempo y dinero a proyectos de
filantropía.
Sus esfuerzos caritativos incluyen la
donación de $22 millones a la construcción
del Centro de Bellas Artes Long, un acto de
filantropía de los muchos que hacen, que
corrió el riesgo de no concretarse.
"Cuando nos dijeron (los de la mesa directiva)
que con nuestra donación tendríamos
nuestros nombres en la cartelera, le
dije a Joe que no", recuerda Teresa. "Yo no
soy ninguna artista para tener mi nombre
prendido en luces".
Pero la señora Long pensó en los niños
que se beneficiarían de los programas educativos
del centro y se animó.
"Después, insistí en poner mi nombre
familiar en la cartelera para animar a los
latinos a participar en este esfuerzo", dijo
Teresa.
Dos semanas antes de inaugurar el espacio,
Teresa nos dio un poco de su tiempo
para charlar sobre su infancia, sus recuerdos
y su vida.
¿Cuál es el secreto de mantener un matrimonio
durante 50 años?
(Se ríe). Que Joe me ha consentido demasiado.
Siempre que me enojo con él,
recuerdo lo bueno que ha sido conmigo.
Eso, y que muy poco después de que me
enojo, me hace reír.
Pero creo que lo más importante es que
nos gusta compartir el tiempo juntos y que
nos apoyamos el uno al otro. Él siempre me
ha apoyado en lo que hago. Como la vez
que estaba a punto de dejar mis estudios
de doctorado, y él no me dejó. Me animó,
me apoyó y terminé. Así siempre ha sido
entre los dos. No nos dejamos rendir y nos
animamos para lograr nuestras metas. Mis
padres trabajaban como un equipo, y creo
que Joe y yo hacemos lo mismo.
¿Qué soñaba ser cuando fuera grande?
Desde muy chiquita mis papás me decían
que yo iría a la Universidad de Nuestra
Señora de los Lagos en San Antonio. Pero
no fue así. En esos tiempos el estado de
Texas autimáticamente le daba una beca
completa a cualquier universidad estatal al
estudiante valedictorian (el alumno con el
mejor promedio de su generación). Yo fui
esa estudiante en mi escuela y recibí una
beca para ir a la Universidad de Texas.
¿Fue difícil dejar su pueblito de Premont
para ir a la universidad?
Fue lo más difícil de mi vida. Llegué a
Austin con sólo 16 años, nunca había siquiera
salido de mi
pueblo y no conocía
ni un alma. Hasta la
fecha, no sé cómo fue
que mis padres tuvieron
la suficiente fe en
mí para dejarme cumplir
con mi sueño.
¿Por qué regresó al
sur de Texas para ser
maestra después de
graduarse de UT?
Porque era importante
para mí regresar.
Antes de que tomara mi primer trabajo
en el distrito escolar, nunca había habido
una mujer que enseñara educación física,
y mucho menos una latina. Yo fui la primera.
Además, mi primer año como maestra
fue el primero en el que los estudiantes
latinos y anglos de secundaria fueron integrados
en la misma escuela. Típicamente,
esto ocurría hasta llegar a la preparatoria.
Pero muchos latinos nunca llegaban a la
preparatoria.
¿Qué significaba esa oportunidad para
usted?
Era una oportunidad de realmente afectar
positivamente las vidas y de guiarlos
para seguir estudiando en la preparatoria
y hasta la universidad.
Lo mejor de mis clases fue hacer que
los estudiantes latinos y anglos trabajaran
juntos como un equipo.
¿Cómo logró superar la falta de expectativas
sobre los estudios en su pueblo?
No recuerdo que mis padres me hayan
dicho algo específicamente para
animarme. Creo que fue todo lo que me
dieron de ejemplo y
las cosas que sabía
que esperaban de
mí. Por ejemplo, mi
papá llegó al séptimo
grado y mi mamá al
cuarto grado, y aún
así, a mí y a mis dos
hermanos siempre
nos hablaban de la
importancia de la
educación.
Mi padre siempre
leía y fue parte de la
mesa directiva del
distrito escolar. Mi madre siempre cuidaba
que todos los niños de nuestro pueblo
asistieran a la escuela.
Se casó con Joe durante una etapa en la
que aún existía mucho racismo. ¿Cómo se
sintieron sus papás al saberlo?
Sus papás estuvieron en contra de que
nos casáramos. Mis padres no dijieron
nada. Y es curioso, porque cuando éramos
jóvenes, mi papá siempre les decía a
mis hermanos, ‘vale más que no traigan
novia gringa’.
¿Cómo convencieron a los papás de su
esposo?
No éramos niños cuando nos casamos.
Decidimos casarnos y lo hicimos.
¿Por qué dedican tanto a las bellas artes?
Porque la bellas artes son tan importantes.
Se ha comprobado que un niño
que toca un instrumento, tiene mejores
calificaciones. Y el arte también ayuda.
En situaciones de crisis, un doctor ha
recetado el arte como terapia para el paciente.
Los niños de Nueva York fueron
parte de una terapia con arte después del
11 de septiembre. Esos niños han podido
enfrentar sus realidades mucho mejor. Las
bellas artes no sólo son para la gente rica.
Son para todos.
Ustedes donan mucho de su tiempo y de
su dinero a causas educativas y de las
bellas artes, ¿por qué?
Yo creo en la ayuda a los demás y en
compartir con la gente necesitada. Desde
niña, mis padres me enseñaron que era
nuestra obligación ayudar a nuestra comunidad
y, sobre todo, ayudar a los latinos
a salir adelante.
Han viajado a más de 175 países. ¿Recuerda
su primer viaje al extranjero?
Mi primer viaje a Europa fue en 1952.
Mis amigas me convencieron de tomarlo.
Pero al último minuto no pudieron ir ellas
e hice el viaje sola. Fue algo casi mágico.
¿Cuál es la diferencia de ser parte de la
alta sociedad en Austin?
No sé. Pero sí es irónico porque recuerdo
cuando era niña, los anglos se burlaban
de nosotros porque llevábamos nuestros
taquitos de frijoles a la escuela. Y ahora
asisto a funciones que según son de la alta
sociedad, y adivina qué sirven en algunos
de estos eventos... ¡tortillas con carne y
frijoles!
gsantacruz@ahorasi.com; 912-5991