La comida es cada vez más cara

El costo de alimentos ya afecta a las personas de bajos ingresos y a los bancos de comida

¡ahora sí!





Los vales de comida ya no le duran mucho a María Ornales.

Seis meses atrás, la asignación mensual del programa federal de alimentos cubría las necesidades alimenticias de esta madre del sur de Austin y de sus cuatro hijos durante todo el mes. Ahora, apenas le duran para tres semanas.

“Siento que se gastan más rápido y que tengo que comprar más cosas por mi cuenta”, dice Ornales, de 25 años.

En todo el país, las familias de bajos ingresos están luchando con el aumento en los precios de los alimentos. El año pasado, la escalada en los precios de la gasolina, junto con el encarecimiento del maíz y otros productos agrícolas, aumentaron los costos de transporte y embalaje de alimentos. Como resultado, los precios de la comida subieron 5.8% en las principales ciudades del país, según cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

En enero de 2007, un galón de leche descremada costaba $3.17 en H-E-B. Un año más tarde, el precio saltó a $4.29. El encarecimiento de la comida en los supermercados está obligando a las familias a tomar decisiones difíciles. Algunas han cambiado el tipo de alimentos que compran; otras han reducido la cantidad. Muchas personas están recurriendo a las despensas de comida locales que regalan alimentos, lo que ha obligado a estas entidades sin fines de lucro a surtir sus bodegas con mayor frecuencia.

En Capital Area Food Bank de Texas (Banco de Comida del Área Metropolitana de Texas), el principal proveedor de alimentos de las despensas de comida de Austin, están preocupados.

Aunque 82% de los alimentos del banco son donaciones, la agencia también compra millones de libras de comida al año. Ahora esa comida se ha encarecido, al igual que la gasolina que la agencia necesita para transportarla. aEl año pasado, el banco de alimentos gastó $88,171 en gasolina, es decir, $10,477 más que en 2006. El gasto extra en gasolina significa 13,000 canastas de alimentos menos que el banco podría haber financiado.

Mientras tanto, las asignaciones de vales de comida no están aumentando al mismo ritmo que los precios, explica Celia Hagert del Centro de Prioridades de Políticas Públicas, una organización sin fines de lucro de expertos que se centra en las políticas públicas que atañen a las personas de bajos ingresos de Texas.

El programa federal de vales de comida ayuda a las personas de bajos ingresos a comprar alimentos. Es administrado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y asigna cada mes de octubre una cantidad fija mensual de dinero para un grupo familiar. El monto se mantiene fijo durante todo el año, sin importar la fluctuación de precios de los alimentos. “Los vales de comida se re- ajustan por inflación una vez al año”, explica Hagert.

Ornales es ama de casa y madre soltera. Para aumentar sus ingresos, trabaja limpiando casas. Para lograr cubrir sus necesidades con los vales de comida, está comprando marcas genéricas de comida para sus hijos, que tienen entre 1 y 7 años. Ornales dice que no ha recurrido a las despensas de alimentos, pero que otras personas lo están haciendo.

Entre septiembre de 2007 y enero de 2008, Cáritas —una organización sin fines de lucro que ayuda a personas sin techo y de bajos ingresos en Austin— ha distribuido 2,139 cupones para su despensa de alimentos, lo que representa un aumento de 38% con respecto del mismo periodo del año anterior.

“Estamos distribuyendo alimentos tan rápido como podemos”, dice Beth Atherton, directora ejecutiva de Cáritas.

En El Buen Samaritano, que ayuda a trabajadores latinos de escasos recursos, 13,277 personas recurrieron a la despensa de alimentos en 2007, un incremento de 6.4% con respecto de 2006.

Mientras tanto, el número de clientes de la despensa de alimentos de la iglesia católica San Ignacio Mártir se ha incrementado en 5.6% en los últimos dos meses.

Ahora la iglesia entrega alimentos a 950 familias al mes, comparado con las 900 de antes, según el director de la despensa alimenticia Tony Ross. “Ahora sí que la gente está sufriendo”, enfatiza.

El personal del banco de alimentos está preocupado de que las donaciones disminuyan cuando la población empiece a sentir la recesión económica.

“Obviamente, si los costos de los alimentos suben, las donaciones disminuyen”, asegura Kerry Qunell, portavoz del Capital Area Food Bank. “Es un efecto dominó”.

Las despensas locales de alimentos están tratando de satisfacer la creciente demanda solicitando más donaciones. Entre octubre de 2007 y enero pasado, Cáritas realizó 190 campañas para recaudar alimentos, lo que indica un aumento del 98% con respecto a igual periodo del año anterior. El esfuerzo ha dado sus frutos. En esos cuatro meses, Cáritas juntó 57,919 libras de comida, un aumento de 78% anual.

Las personas que no han recurrido a las despensas de alimentos han buscado otras formas de enfrentar la situación.

Lupe Hernández, que tiene 85 años y vive con un ingreso fijo, dice que a menudo tiene que renunciar a comprar uvas y naranjas en favor de lo que esté en oferta. Ahora come más frijoles y queso en vez de carne o costillas.

“Ha sido de a poco, pero los precios están subiendo terriblemente”, dice Bart Tuthill, quien compra los alimentos de la señora Hernández porque participa como voluntario de Meals on Wheels (una organización que distribuye alimentos a personas de la tercera edad).

Clara Tennyson, de 76 años y jubilada del sur de Austin, dice que ha empezando a reducir otros gastos para no tener que dejar de comprar ciertos alimentos. “Por mi estado de salud no puedo dejar de comprar comida”, explica. “Necesito zapatos y ropa, pero no tengo cómo, así es que ya no los compro”, dice.

Traducido del Austin American-Statesman. Andrea Ball escribe una columna semanal de filontropía.