En Texas, los latinos
ya no votan como antes
Arnold García, Austin American-Statesman
Con una deteriorada campaña,
Hillary Clinton llegó a Texas la
semana pasada y se dirigió inmediatamente
hacia la frontera. Sus
apariciones en El Paso, McAllen y San Antonio
tenían como meta que los latinos de
Texas cerraran filas en torno a ella.
La senadora de Nueva York necesita una
gran victoria en Texas para salir adelante
en esta agitada campaña. Y los latinos son
clave para que logre ese triunfo.
Los lazos de Clinton con Texas se remontan
a los 70, cuando ella y su esposo
organizaron la
campaña de George
McGovern. Desde entonces,
se relacionaron
con latinos como
el ex senador estatal
por Austin Gonzalo
Barrientos. Además,
la presidencia de Bill
Clinton tuvo un buen
desempeño con los
chicanos de Texas,
por lo que es razonable
pensar que los
latinos apuntalen las
alicaídas perspectivas presidenciales de
Clinton. Eso sería lo que la gente llama el
cortafuegos latino.
Ese cortafuegos, sin embargo, está lanzando
espirales de humo.
Las cosas han cambiado desde entonces.
Aunque no se puede negar que Clinton
tiene una amplia popularidad entre los latinos,
puede que esta popularidad no sea
muy profunda o no esté muy arraigada.
He aquí el porqué:
• Los datos de las encuestas que demuestran
la fortaleza de Clinton entre
los votantes latinos miden lo correcto. El
problema es que no miden lo suficiente.
La extraordinaria capacidad del senador
Barack Obama de captar nuevos votantes
pone en duda los hallazgos de las encuestas,
ya que éstas sólo consultan a personas
que han sido previamente entrevistadas.
Por lo tanto, las mediciones no captan a
los electores ocasionales o a los que van
a votar por primera vez, grupos con los
cuales Obama ha tenido éxito en otros estados.
Hay indicios –algunos son científicos
y algunos sólo corazonadas— de que los
latinos más jóvenes favorecen a Obama.
• Aunque el sur de Texas es una parada
indiscutida en la campaña para obtener
votos hispanos, hoy los latinos de Texas
son más urbanos que en los 70. Actualmente
hay más latinos en Houston y en
el Condado de Harris que en el Valle de
Río Grande. Dado que los delegados son
elegidos por factores como la participación
de los votantes en los distritos senatoriales,
los organizadores del sur de Texas deberán
incentivar la participación electoral
para competir con los condados de Travis,
Harris y Dallas.
• A pesar de que la infraestructura organizacional
del Partido Demócrata en el
sur de Texas está mejor organizada que
el resto del estado, es un modelo viejo y
problemático.
Eddie Cavazos, un ex representante estatal
por Corpus Christi y actual cabildero
de Austin, asegura que los electores latinos
actuales dependen menos de los dirigentes
políticos que las generaciones anteriores.
¿La razón? El acceso a la tecnología y a la
información.
La población latina es cada vez más joven.
Su edad promedio es 27 años, mientras
que la del resto de la población es de 36.
En las históricas campañas Viva Kennedy
y Viva Johnson de 1960, las organizaciones
como la American GI Forum y la Liga
de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos
construyeron una infraestructura para
aumentar la participación de los latinos.
Sin embargo, ambas organizaciones se han
desvanecido con el tiempo, y su capacidad
para captar votos es marginal.
Clinton ha sido muy exitosa en atraer a
los dirigentes políticos del Sur de Texas,
pero la mayoría de ellos no juega en las
grandes ligas desde hace tiempo y puede
que sus estrategias ya estén oxidadas.
Incluso, el concepto de dirigente político
latino ha cambiado. Gilberto S. Ocañas, ex
vicepresidente del Partido Demócrata de
Texas, asegura que los latinos han aprendido
una dura lección.
“¿Tú sabes lo que ocurre cuando una
manada sigue al líder?”, preguntó Ocañas.
“Va al sacrificio”, advirtió.
Además, los apoyos de Clinton por parte
de los miembros del Congreso de Texas
están dando que hablar. Estos apoyos están
reflejando las diferencias generacionales
entre los partidarios de Clinton y
Obama. Un gran ejemplo son los Lucios
de Brownsville. El senador estatal Eddie
Lucio Jr. apoya a Clinton mientras que su
hijo, el representante estatal Eddie Lucio
III, respalda a Obama. Es más, los apoyos
cambian. Y Ocañas,quien trabajó para las
campañas de Clinton en 1992 y 1996, ahora
anunció su apoyo a Obama.
El efecto que tienen estos apoyos entre
los latinos no sólo es cuestionable, sino
también difícil de medir.
Los latinos no son inmunes al ímpetu de
Obama. Para contener el humo que sale del
cortafuegos, Clinton va a tener que hacer
un esfuerzo más enérgico y focalizado que
el que hemos visto hasta ahora.
Arnold García es editor de opinión del periódico
Austin American-Statesman; agarcia@statesman.
com; 445-3667