PUERTO RICO Folkloric Dance

¡ahora sí!

En un foro de baile, escondido en un edificio semi industrial en el centro de Austin, se escuchan los sonidos de instrumentos entonados por sus músicos. Es un ruido caótico y fino a la vez el que escapa del bum-bum-bum del pandero, el raspado del güiro, las delicadas cuerdas del cuatro y las teclas del piano. Sobre todo porque mientras tocan, los músicos se comunican entre sí para dar entrada a la melodía de una danza puertorriqueña que ensayan.

El grupo musical es el conjunto profesional de Puerto Rican Folkloric Dance (PRFDance), la única organización en Austin que se encarga específicamente de preservar la historia y la cultura puertorriqueñas.

Esta noche, domingo 27 de noviembre, el grupo se ha reunido a ensayar a pesar de que este día sea parte de un fin de semana de fiesta, tras el Día de Acción de Gracias. El nivel de dedicación de los músicos del PRFDance se intensifica estos días debido a su show anual, Sembrando Herencia, que se realizará el 11 de diciembre en el teatro de la preparatoria Akins High School. Son muy pocos los días que quedan antes de la presentación, y aún hay mucho que hacer.

Cultura para la siguiente generación

En el grupo de músicos, casi todos maestros en su propio intrumento musical, se encuentra William Pasqual Maynard, estudiante de percusiones de 10 años e hijo de la doctora Ana María Maynard, directora y fundadora de PRFDance. A su corta edad, William posee una dedicación y orgullo por las artes inesperada e impresionante.

"Me encanta todo esto", comentó William de la música que se toca mientras su madre practica los pasos del baile que ha coreografiado. "Muchos de mis amigos saben que toco percusión, pero no dicen mucho porque no es de importancia para ellos, porque no es parte de ellos. Pero para mí es muy importante porque es quien soy".

Desde muy joven, William —quien empezó con clases de baile en el grupo a los cinco años— supo que PRFDance era muy especial, en gran parte porque la doctora Maynard fundó el grupo para él.

"Cuando llegué a Texas no estaba acostumbrada a no estar rodeada por mi cultura como lo estaba en Nueva York", recordó Ana María. "Para llenar esa parte vacía de mi vida, participé en varios grupos de baile folklórico mexicano. Aprendí mucho y me convertí hasta en mexicana adoptiva".

Después del nacimiento de William, Ana María reconoció que su hijo no conocería su herencia boricua en Austin. Decidió aplicar lo que había aprendido en las compañías folklóricas mexicanas, y empezó su propio grupo.

"Empecé en 1998 con sólo tres bailarines", explicó Ana María. "Y con mucho trabajo y apoyo, hemos llegado hasta aquí".

Hoy en día sus dos hijos, William, y María Mercedes, de cinco años (quien empezó clases de baile este año), aprovechan el aprendizaje de su madre.

De un baile a un centro cultural

El PRFDance ha ido más allá de educar a un niño o de presentaciones de bailes folklóricos puertorriqueños con sólo tres bailarines. El PRFDance es ahora no sólo una compañía de baile profesional, sino también un centro cultural completo que ofrece diversas clases de música y baile.

Para endulzar aún más este significativo logro en tan poco tiempo, a partir de noviembre de este año el PRFDance cuenta con el apoyo del gobierno puertorriqueño. Desde entonces, el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) anunció su afiliación con PRFDance, convirtiendo al grupo austiniano en el quinto centro cultural boricua en los Estados Unidos afiliado al Programa de Promoción Cultural del ICP. Los otros centros ya existentes están ubicados en las ciudades de Orlando, Chicago, Nueva York y Miami.

"Luchamos seis años para ser reconocidos por el ICP", dijo Ana María. "Esta afiliación es un orgullo no sólo para nosotros, sino para toda la ciudad de Austin. Es un reconocimiento serio y profundamente considerado".

El nombramiento es muy merecido. Para poder ofrecer un centro cultural, Ana María ha invertido miles de dólares en la creación de una gran colección de literatura, instrumentos y artefactos culturales, así como en viajes a la isla para aprender directamente de los maestros las danzas y música regional tradicional.

"La gente (de PRFDance) es motivadora y muy dedicada a un nivel alto de profesionalismo y autenticidad", dijo Gerard Villanueva, miembro del conjunto musical profesional de PRFDance. "Me siento muy cerca de la fuente de la música (puertorriqueña) aqui".

Villanueva, quien es de ascendencia mexicana y maestro de percusiones, llego al centro hace un año buscando la oportunidad de aprender más sobre la música caribeña y de compartirla en su comunidad.

"Había visto las presentaciones de PRFDance varias veces y me preguntaba cómo podía ser parte de ello", dijo. "Aunque he tocado percusiones desde los años 80, no sabía sobre este tipo de música. Esta música es un género completamente diferente en el campo de las percusiones".

Inspirando y recordando

Villanueva no es el único que ha llegado a ser estudiante y miembro de la comunidad de PRFDance. Su historia la comparten casi todos los que participan en la organización.

"Para mí, el centro es una gran parte de mi misión; este es un lugar donde la gente se reúne a celebrar la vida, a encontrar amistades y servir de modelo el uno al otro", dijo Ana María. "La música y el baile solamente son lo que nos junta."

Algunos de los miembros llegan a causa de sus hijos, y como Ana María se preocupan por mantener viva la cultura puertorriqueña en sus familias.

"Mis hijas pequeñas fueron las que primero participaron; quería que supieran lo que significaba crecer en Puerto Rico", recordó Rose Irizarry, maestra de la clase de coro de PRFDance. "Las canciones que aprendían ellas me recordaban tanto mi infancia. Ya que tengo tantos años de no regresar a Puerto Rico, aquí tengo un cachito de la isla".

Irizarry cuenta orgullosamente que ahora sus dos hijas, Ariella Rodríguez, de 10 años, y Eliana Rodríguez, de ocho años, hasta piden escuchar música boricua cuando están en casa.

"Ahora, la cultura es gran parte de quienes son y están muy orgullosas de ser puertorriqueñas", dijo.

Buscando un nuevo hogar

Actualmente, el centro cultural de PRFDance funciona con la ayuda de cuatro miembros voluntarios, cuenta con un foro de baile y una oficina "virtual" desde las computadoras en los hogares de los voluntarios.

"Gracias al e-mail, completamos gran parte de lo administrativo fuera del foro", dijo Ana María.

"Son muchas las horas que se requieren para mantener el centro, desde organizar a los estudiantes, mantener el foro, y solicitar fondos para poder existir".

Aunque no es el sistema ideal, es uno que ha funcionado hasta la fecha. Sin embargo, la venta del edificio que ocupa el PRFDance amenaza la situación.

"El año que entra tumbarán el edificio para la construcción de departamentos y no habrá oportunidad de quedarnos", dijo Ana María. "He buscado un lugar propio para el centro —hasta consideré comprar una propiedad a mi nombre— pero es muy caro y no hemos podido encontrar nada que nos quede a la medida".

Pese a todo, Ana María confía en que todo salga bien, especialmente con la generosidad de la comunidad.

"Cada día logramos algo muy diferente, que nadie más en la ciudad está haciendo", dijo Ana María. "Yo creo que si la gente se da cuenta de la joya que existe en esta ciudad, se animarán a ayudar a nuestra causa a llegar al próximo nivel de evolución".

Por el momento, a sólo 10 días de la presentación de Sembrado Herencia, todo, inclusive la localización de un nuevo espacio, pasa a segundo plano. Lo que importa es la música y el baile boricuas.

gsantacruz@ahorasi.com; 912-5991